Una visión entre Castells y Assange

Hace unos días, el sociólogo Manuel Castells explicaba que la expansión de las redes sociales y otros instrumentos de blogging ponían en entredicho cada vez más las tareas informativas de los periodistas.

Rapidez, inmediatez, globalidad y horizontalidad. El modelo nodal de las redes sociales nos lleva a un panorama en el que los ciudadanos construyen mensajes y compiten de tú a tú con los periodistas y los medios de comunicación. Sólo hay que ver el temblor que está provocando Wikileaks a través de su ‘alma matter’ Julian Assange, y la interpretación equivocada de muchos periodistas sobre la conveniencia de publicar los ‘cables’ bajo el único criterio de considerar si estas informaciones son o no periodísticas.

En el marco de la presentació de su nuevo libro ‘Comunicación y Poder’, Castells explicaba que, por tanto, la última frontera que nos quedaba a los periodistas era la veracidad. Y en esta frontera no siempre nos encontraremos a gusto bajo las letras de una cabecera.

Algunos datos

En State of News Media 09 ya se hacia referencia a la idea que “el poder está pasando al periodista individual, alejándose de las organizaciones periodísticas”. Además, no podemos olvidar la premisa obligatoria en estos días de dudas: los medios de comunicación están en crisis, el periodismo, no. Los periódicos, por ejemplo, pierden millones pero ganan lectores. Y en este contexto, los periodistas estamos sufriendo mucho, siendo las redacciones las que sufren reducciones de plantilla sin precedentes.

Pero para incrementar la veracidad, la honestidad, obtener soluciones ante la crisis y los cambios tecnológicos, debe surgir un nuevo periodista con un espíritu nuevo, y sobre todo, con un valor constante por obtener prestigio y mejorar la reputación por su trabajo.

Reinventarnos

“El periodismo debe reinventarse”, dice uno de los axiomas del BCNMediaLab, porque en un mundo con ‘overbooking’ de información plana, hacen falta contenidos de calidad para interpretar de una forma precisa el nuevo siglo que tenemos por delante. Hace falta reinventar el periodismo, la profesión, los formatos y, sobre todo, recuperar la función social de los profesionales. En este último punto, será paradójico tener en cuenta que deberá ser el individuo-periodista el punto basculante para incrementar y potenciar las redes comunicativas de nuestras comunidades.

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