Japón y la puntilla del adjetivo

Por Dani Madrid i Morales, periodista del canal 3cat34, especializado en política asiática.

Los periodistas nos repetimos a menudo, nos citamos los unos a los otros y dependemos en exceso de las mismas fuentes. Y yo ahora también me repetiré: el periodismo en televisión es cada vez más espectáculo y cada vez menos información. Aquello del infotainment que se popularizó hace unos años sigue tan en vogue, si no más, ahora que la reducción de costes de producción permite seguir al minuto y al detalle casi cualquier acontecimiento. Y de uno de estas “coberturas al minuto” quería hablar yo aquí: Japón, 11 de marzo, 14:46. Quizás alguna de estas reflexiones contribuya al debate del próximo encuentro del BCNMediaLab.

Cuatro días después del terremoto, el tsunami y la incertidumbre nuclear uno de los periodistas españoles que se desplazó para contar lo que estaba pasando le decía a la audiencia Telecinco que “Japón vivía el peor escenario posible”. Llevar al límite la realidad es una tendencia contagiosa del periodismo moderno, ya sea con el uso intensivo de adjetivos o con la creación de ránquings hipotéticos (el mayor X del mundo, el segundo X de la historia, el peor X de la humanidad…). No es, no obstante, un mal exclusivo del periodismo televisivo. El día del terremoto, más de uno miró con interés cómo reaccionaba el presentador del informativo a quién más se asocia con el uso excesivo del adjetivo, Pedro Piqueras. Ese día, no hubo casi calificativos como cuenta Víctor Amela y como, de hecho, se encarga de remarcar el propio Piqueras en un programa de radio.

En los días inmediatamente después de la triple noticia casi todos los periodistas nos aprendimos las siglas de la cadena de televisión pública japonesa, NHK. Para la cobertura de desastres naturales los periodistas del canal cuentan con un manual que les recomienda evitar los adjetivos de escaso valor informativo. Quizás ese sea un motivo por el cual, en un primer vistazo, uno puede decir que la televisión japonesa ha sido minimalista en su cobertura mientras que fuera de Japón muchos hemos podido caer en el alarmismo, el maximalismo y, de nuevo, en la espectacularización. Para la periodista Concha García Campoy, este maximalismo informativo está justificado.

Los informativos nos han enseñado “las imágenes más espectaculares” de las “espectaculares olas de más de 10 metros” que han dejado paisajes “espectacularmente desolados”… como si “de una película futurista se tratase”. Porque más allá de la adjetivación en vano, el periodismo en televisión camina hoy en día, y en algunos casos, hacia una peligrosa documentalización de la información. La popularización del pseudo-realismo informativo (léase ‘estilo Callejeros’), con imágenes gravadas al hombro, simulando trabajos “no-profesionales” para realizar trabajos profesionales, se combina muy a menudo con la narrativa cinematográfica en los programas “informativos”. Todo ello conduce a un abuso de la música, a un sobre-protagonismo del periodista en la noticia y a un cruce de géneros que acaba yendo en contra del rigor informativo.

Hay todavía un tercer elemento preocupante en la cobertura informativa del tsunami en Japón del cual no se escapa, incluso, el que posiblemente sea uno de los programas informativos más rigurosos en España. Informe Semanal cayó en la trampa del culturalismo con un reportaje ‘sobre la esencia samurai en el Japón moderno’. Los periodistas de medio mundo se aventuraron en ‘entender’ a un ‘pueblo japonés’ al cual convirtieron en un sujeto exótico, lejano e incomprensible. Se perdieron muchos periodistas en justificar por qué los japoneses no se lanzan al pillaje, por qué los japoneses no lloran (¿realmente no lloran?) y por qué los japoneses, “Ellos”, son tan diferentes de “Nosotros”. Este es un mal que viene, el de la creación de la diferencia, y que como periodistas podemos combatir con un periodismo que explote menos la anomalía, principalmente cuando esta es intencionadamente fabricada.

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