Twitter y periodismo (en el fútbol)

A un día del “BCNMediaLab: Periodismo y Fútbol” recibimos a otra firma invitada: el periodista deportivo Alberto Arias. Si queréis conocer su actividad profesional aquí encontraréis todas las pistas. Alberto, trabaja desde hace diez años para uno de los decanos de la prensa deportiva catalana y además tiene algunas iniciativas personales en la web relacionadas con el deporte y el social media.

Por Alberto Arias

Una noche de domingo cualquiera en la década de los 80. Estudio Estadio. Narración sobria y que se aleja del espectáculo (no hay falsos directos ni narraciones desgañitadoras). No hay una voz más alta que la otra. Se explica lo que pasa…a no ser que nos quedemos sin resumen … “porque la cinta no nos ha llegado al estudio”.

De eso hace menos de 25 años y si lo recuerdo es porque ante la falta de imágenes e información el periódico del día siguiente era un tesoro lleno de descubrimientos. Hoy, ya no sólo es que puedas dejar tu opinión y participar en la propia retransmisión del mismo partido con comentarios, tuits o fotos sino que al llegar el lunes, las imágenes de los partidos del sábado parecen hasta vintage al haberlas visto hasta la saciedad y la semana entrante la editorialización permanente se impone.

Internet, la irrupción de los blogs y la más reciente revolución de las redes sociales han cambiado el lugar preponderante de la información. Lo que antes veían y explicaban unos pocos ahora no sólo está al mismo instante en poder de una inmensa mayoría sino que ésta tiene los mismos recursos y altavoces que los medios de comunicación para explicar las cosas, opinarlas y sacarle la punta a lo que le interesa. Hay más información pero también más formación. Y el aumento de exigencia por parte de la audiencia se le suman unos medios que, faltos de reacción durante estos años para asimilar el cambio de paradigma y afrontar su nuevo rol, se debaten en una lucha entre tratar de mantener su status y la reciente necesidad de vender lo que sea para contentar a la audiencia.

Rigor y criterio

La voracidad informativa ha convertido Twitter (y/o Facebook) en una herramienta vital para el periodismo. Y no sólo como un potente altavoz difusor de la información (verlo sólo así sin conversar y socializarse más con la audiencia es un error a largo plazo) sino como una fuente inmediata. De clubs y deportistas pero también de los followers (o fans), cada vez más partícipes en la elaboración de las noticias.Hace 25 años el periodista se curraba una noticia y sólo tenía que pensar como la vendería en un periódico de papel. Hoy esa noticia es multicanal y requiere un trabajo de decodificación y adaptación a cada uno de ellos. Cuidar como se vende la noticia en Twitter o Facebook (con sus características propias) y como cala entre los seguidores, comentarla, alimentarla es como editar una portada. Es tu imagen y tu carta de presentación. La primicia o la exclusiva cada 24 horas en el kiosko es un ‘rara avis’ a costa de unas redes sociales que se antojan como el nuevo habitat natural para obtener y producir información rápida y única. Hay que ser (el más) rápido, sí. Pero no a cualquier precio. El rigor y el criterio deben seguir siendo la base. Twitter y Facebook sí pero periodismo también.

El riesgo de abusar de anécdotas

Pero, ni todo es perfecto ni nada está perdido. Sí, los medios han entendido el poder de las redes sociales y hashtags o tuits ya han saltado de las pantallas del ordenador a televisiones, radios o al papel aunque a veces arrastrados por la dictadura de la audiencia. Fenómenos como #eldeloscuadros #arbolpique #eldelbigote o hasta jugadores durmiendo antes de un partido son sólo unos pequeños ejemplos del uso por parte de los medios de contenidos 100% socialmedia. Anécdotas convertidas en noticias. Un abuso del McDonalds como menú diario. Y eso no es saludable. En el fondo hay que luchar para que la esencia de todo esto, las buenas historias y el buen periodismo, se sigan cultivando desde los medios con las redes sociales como fuerza y también desde el talento que destilan blogueros, tuiteros semidesconocidos o proyectos valientes como Panenka.